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Mi historia

Una vida de búsqueda, estudio y práctica espiritual

Mi camino no se resume en una lista de cursos ni en una única escuela. Es una historia construida durante más de 42 años a través de la tradición familiar, la experiencia, el estudio, la práctica y el encuentro con personas que dejaron una huella profunda en mi vida.

Mi historia

Provengo de una familia en la que lo invisible, la intuición y la búsqueda espiritual formaban parte de la vida mucho antes de que yo pudiera ponerles un nombre.

Mi bisabuela, española de Granada, emigró a Argentina y continuó allí su labor como curandera en el campo. Mi abuela organizaba reuniones de espiritismo y tarot durante largas noches, y mi madre era tarotista.

Crecí en un ambiente en el que estos temas se vivían de forma reservada, misteriosa y casi secreta. Pero yo necesitaba comprender.

Desde muy joven me acompañaron preguntas que terminarían marcando toda mi vida: ¿quién soy?, ¿qué hago aquí?, ¿qué sentido tiene la vida?, ¿qué ocurre con la muerte?, ¿por qué sentimos determinadas cosas que después desaparecen?

Nunca me conformé con aceptar una respuesta simplemente porque alguien la afirmara. Necesitaba estudiar, experimentar, contrastar y buscar.

A los 18 años comenzó realmente mi camino

En 1990, cuando tenía 18 años, conocí a José D’Angelo, quien se convirtió en uno de mis primeros grandes maestros.

Con él aprendí la lealtad espiritual y el valor del trabajo en equipo. También comprendí que el trabajo espiritual no consiste únicamente en realizar rituales, rezar o utilizar determinados elementos.

Antes de intentar transformar lo que ocurre fuera, hay que aprender a observar lo que ocurre dentro.

José me puso en contacto con personas y maestros que tuvieron una gran influencia en mi camino, entre ellos Cristian, Guillermo Michi y Piel Rosada. A través de aquellos encuentros descubrí las enseñanzas de Silo, el Siddha Yoga, los Hare Krishna, la Iglesia ortodoxa y la espiritualidad del antiguo Egipto.

Comencé a trabajar sobre el pensamiento, la limpieza personal, la disciplina, la percepción y el desarrollo de la conciencia.

Aquellos años estuvieron llenos de estudio, conversaciones eternas y encuentros que dejaron una huella profunda en mí.

Recuerdo especialmente las largas conversaciones y debates con Marcelo Campanella, astrólogo al que sigo teniendo un profundo respeto y con quien conservo una relación de amistad.

No buscaba acumular conocimientos. Buscaba comprender cómo funciona este mundo.

De Argentina a España

Mi camino espiritual fue creciendo al mismo tiempo que mi vida profesional.

Abrí diferentes establecimientos esotéricos en Rosario, Argentina, y posteriormente me trasladé a España.

La tienda nunca fue para mí solamente un comercio.

Fue también un lugar de encuentro.

Durante años pasaron por ella personas procedentes de tradiciones completamente distintas: practicantes, estudiosos, maestros, clientes que llegaban buscando respuestas y personas que simplemente necesitaban ser escuchadas.

Cada conversación me enseñó algo.

Y cuanto más aprendía, más consciente era de todo lo que todavía desconocía.

Continué formándome en diferentes disciplinas y corrientes filosóficas y espirituales. Estudié yoga, metafísica, tradiciones rituales, Cábala, conocimiento simbólico y distintas prácticas relacionadas con el cuerpo, la energía y el bienestar.

Mi búsqueda nunca ha pertenecido a una única escuela.

Los maestros que cambiaron mi forma de comprender la magia

Con el tiempo conocí a Ralph Alpizar, quien me introdujo profundamente en la tradición del Mayombe.

Nuestra relación pasó de ser la de compañeros de trabajo y amigos a convertirse en un vínculo espiritual de padrinazgo. A través de él pude acercarme a una comprensión más profunda de esta tradición.

Mi aprendizaje no se quedó en la imagen superficial o popular que muchas veces se tiene de estas prácticas.

Tuve el privilegio de acceder durante años a enseñanzas relacionadas con su filosofía, sus principios, la relación con los ancestros, su estructura espiritual y los conocimientos procedentes de un linaje vinculado a Angola.

Son enseñanzas que han transformado mi manera de comprender el mundo espiritual y que continúan acompañándome en mi práctica.

El encuentro con la tradición Q’ero

También tuve la oportunidad de conocer de forma cercana a Nicolás Pauccar Calcina, maestro de la tradición Q’ero y divulgador de la cosmovisión andina.

Su enseñanza me acercó a una comprensión más profunda de la relación con la Pachamama, los Apus, los ancestros y la reciprocidad como principios esenciales de la espiritualidad andina.

Aquel contacto amplió mi mirada y me ayudó a comprender que, aunque cada tradición utiliza un lenguaje diferente, muchas de ellas parten de una búsqueda común: recuperar el equilibrio, desarrollar la conciencia y vivir en conexión con la naturaleza y con uno mismo.

Nicolás Pauccar es presentado oficialmente como fundador de KawsayPacha y divulgador de la cosmovisión andina. Conocer su trayectoria →

Mi profundización en la Cábala

Paralelamente, profundicé en la Cábala junto a maestros como Mario Sabán, Albert Gotlan, Javier Wolcoff y Daniel Chapán.

Mi búsqueda me llevó también hasta Israel.

Cada tradición me mostró un lenguaje diferente para intentar responder, en el fondo, a preguntas muy parecidas.

También tuve la oportunidad de acercarme a tradiciones chamánicas y a otros maestros cuyas enseñanzas continúan nutriendo mi camino.

Porque una cosa he aprendido durante todos estos años: un verdadero estudiante nunca termina de estudiar.

Más de cuatro décadas después, sigo haciéndome preguntas

Después de más de 42 años dedicados al estudio y a la práctica espiritual, podría llenar esta página de nombres, cursos, viajes y conocimientos adquiridos.

Pero eso no explicaría realmente quién soy.

Para mí, la espiritualidad no es una profesión que comienza cuando abro una consulta y termina cuando cierro una puerta.

Es una forma de observar la vida.

Estudio, trabajo, fabrico, enseño, investigo y vivo desde una misma mirada.

Cuando observo una situación, intento comprender no solamente lo que está ocurriendo materialmente, sino también los pensamientos, las emociones, los símbolos, las decisiones y las dinámicas que existen detrás.

Y existe una paradoja que el tiempo me ha enseñado:

Cuanto más conocimiento adquiero, más consciente soy de todo lo que desconozco.

Mi forma de entender el trabajo espiritual

No creo que la espiritualidad deba servir para vivir con miedo.

No creo que todo problema sea consecuencia de una energía negativa ni que cada dificultad necesite un ritual.

Creo en el conocimiento.

Creo en aprender a observar.

Creo en asumir responsabilidad sobre nuestra propia vida.

Y creo que muchas veces generamos sufrimiento porque desconocemos nuestros propios mecanismos, repetimos patrones o intentamos luchar contra situaciones que primero necesitamos comprender.

Para mí, el verdadero trabajo metafísico y espiritual consiste en aprender a ordenar nuestro mundo interior para que nuestra vida empiece también a ordenarse fuera.

Los rituales, las velas, las plantas, los símbolos y las diferentes herramientas que utilizamos pueden ayudarnos a concentrar una intención y a representar procesos profundos.

Pero la herramienta nunca debe sustituir a la conciencia.

Mi vida profesional y mi forma de acompañar

Mi trayectoria espiritual ha convivido siempre con mi vida profesional como abogada.

La abogacía me ha enseñado a escuchar, analizar, estudiar cada situación con detenimiento y comprender que detrás de cada problema existe una historia personal.

Ambos caminos, el jurídico y el espiritual, han fortalecido en mí la responsabilidad, la capacidad de observación y el respeto por la libertad de cada persona.

Actualmente desarrollo mi labor a través de Adel Soso, la Tribu de OR y El Alquimista, compartiendo asesoramiento espiritual, numerología, formación y conocimientos relacionados con la magia, la simbología y las tradiciones ancestrales.

Mi intención no es imponer una única manera de entender la espiritualidad. Cada persona tiene su propio camino, sus experiencias y sus tiempos.

Los cursos y la formación pueden ser valiosos, pero no son la única forma de aprender. El conocimiento también nace de la tradición familiar, la experiencia, la práctica, la observación, las conversaciones y la vida.

Nadie vale más o menos por tener un título o por no haber realizado un curso.

Mi camino se ha construido a través de muchas fuentes: la memoria de mi familia, mis maestros, mis lecturas, mis viajes, mis experiencias y las personas que he encontrado a lo largo de los años.

Y sigo siendo estudiante

Después de más de cuatro décadas de camino, sigo aprendiendo.

Sigo leyendo, investigando, conversando, observando y haciéndome preguntas.

La experiencia me ha enseñado que nadie posee toda la verdad y que cada tradición puede aportar una parte del conocimiento.

Mi propósito no es presentarme como alguien que lo sabe todo, sino compartir aquello que he aprendido, acompañar a quienes buscan orientación y ofrecer una mirada espiritual basada en la experiencia, la reflexión y la responsabilidad.

Porque mi historia continúa.

Y mientras continúe haciéndome preguntas, seguiré siendo estudiante.

Adel Soso · La Tribu de OR

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